Redes Sociales

Columnas

Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas
0 comentarios

Al margen de lo común

EN LA OSCURIDAD DE LA NOCHE PARTE 2
Por: Daniela Castro Mireles.


Y continuo el camino, sentía miedo, nunca le había ocurrido pero siempre hay una primera vez, pensó en un amigo que una vez hablando con él le dijo que en casos como este que él estaba viviendo cuando tenía miedo de permanecer solo nada mejor que ponerse a hablar consigo mismo, cantar una canción en voz alta, silbar una melodía o hacer ruido con algo que se llevara en las manos, con esta idea que le había llegado así tan de repente se dispuso a partir por la calle donde se encontraba, se fue caminando, a los lado de su caminar diviso aleros, paredes, arboles de vieja data, al frente veía como se le iba acercando las rejas de aquella plaza bolívar, todo ello lo distinguía en una escasa visibilidad que la oscuridad le permitía, aplicando una de las fórmulas de aquel amigo para darle ánimos comenzó a hablar en voz alta consigo mismo, se hacía preguntas y se daba rápidas respuestas, se daba consejos, se hacía recriminaciones, cuanta cosa se le ocurría se escapaba de sus labios, pensaba en voz alta pero él no, el subconsciente trabajando a todo dar le traicionaba, los ojos le iban de uno a otro lado buscando en sus travesuras algo que no quería encontrar, escudriñaba en las cercanías miraba y remiraba en su entorno vigilaba la ruta que seguía, esta actitud le molestaba, porque lo distraía y le hacía perder el hilo de la conversación intima que pretendía sostener, por más que trataba volver a ella no le era posible la recuperación firme del pensamiento desistió de eso cuando apenas llegaba a la esquina de la plaza.

Quiso cruzarla en diagonal pero no pudo porque sus puertas permanecían cerradas, se aferró a ellas con firmeza al final un suspiro de impotencia le escapo y se olmenecio en el aire de la media noche, el aguardiente comenzaba a ser exigente pues una sed le atrapaba empezó a martirizarle la boca y la garganta –donde beber agua, donde tomar algo- se preguntó y el mismo se dio la respuesta pues no encontró nada, se fue por la acera norte de la plaza, no conversaba se dedicó a silbar, pero miraba insistentemente hacia adelante, no se atrevía a bajar la mirada atento a lo que se le pudiera acercar sorpresivamente para tratar de correr, escaparse, huir, tropezó con una piedra tirada en la acera y perdió el equilibrio, no callo pero se le fue el silbido de los labios y solo pensaba en los fantasmas de la noche. Perdía la serenidad para conversar consigo mismo o para poder silbar, saco de sus bolsillos un grueso manojo de llaves y comenzó a sonarlo primero en las manos luego contra sus muslos mas tarde contra el enrejado de la plaza y después la zarandeaba al aire aquella idea era un aguijón de miedo, de temor y de pánico, no le abandonan con sus tétricas pensadas se detuvo un instante quiso regresar y no lo hizo, quería hablar, silbar, correr, hacer ruido pero el miedo se lo impedía justo entonces sonaron 12 campanadas en la iglesia, sintió sacudirse a su lado los muertos que transitaban al filo de la media noche, sabía que las campanas no suenan solas más imagino que habían sido tocadas por el sacristán, cumpliendo con la tradición en funciones diferentes avisar la llegada de las 12 de la noche con igual número de campanadas. 

–Si claro han sido tocadas por el sacristán-

Se dijo mentalmente, sintiendo un poco de ánimo con ese pensamiento que había alguna persona cerca de él le dio coraje y con decisión fue siguiendo su camino. Fue a la esquina oeste de la plaza, cruzo hacia el sur y con unos pocos pasos quedo frente a la iglesia, volvió al recuerdo de los fantasma y tuvo miedo de levantar la vista, tenía los ojos fijos en la punta de sus zapatos, hasta entonces no se había dado cuenta que estaba roídos y desconchados en la punta, con mugre, barro y bosta de la calle, solo se veía el, su parte interior es decir de la cintura para abajo le pareció que parado allí se encontraba incompleto a penas movía los ojos de un lado a otro y en un reducido espacio que poco a poco fue alargando a medida que sus impulsos dominaban la situación por eso le fue deslizando lentamente hasta tropezar con el centro de la calzada luego con la acera de frente y allí los dejo posados de repente sintió un escalofrió que estremeció todo su ser, los pelos se le pusieron de punta, la epidermis se le volvió un erizo, un frio no sabía de donde se le estaba colando hasta los huesos, presentía que algo no muy distante le acechaba, era una terrible sensación trato de rezar mas no pudo sintió la desesperación de no saber rezar, recordó que nunca quiso desde niño aprenderse las oraciones que su madre se empeñaba en enseñarle, cuando en su casa trataban de enseñarle ya de adolescente salía con una bravuconada ahora lamentaba no haber aprendido aquellos rezos rebusco en su interior un tanto de valor y cambio su comportamiento se sintió diferente, había pasado la crisis, el pánico se había ido. Recuperado deslizo su mirada hacia la pared frontal de la plaza que estaba enfrente, vio su amarillo colonial y entonces cosa curiosa comenzó a recordar todas las casas amarillas que había conocido, ello le sirvió para abstraerse un poco de la angustia del momento dio varios pasos y al cambiar su mirada hacia el lado opuesto fijo los ojos de la parte sur de la fachada de la iglesia de pronto no quería avanzar más ni con la mirada ni caminando parecía que lago lo detenía volvió el escalofrió, otra vez el miedo en forma de erizo sobre la piel, una briza fugas parecía que le alaba los pantalones, el miedo se le arrinconaba en todas las partes del cuerpo la mente se le lleno nuevamente de recuerdos asustadizos, vuelta a pensar en las oraciones y nada le vino a la memoria, nuevamente al sacristán quiso encontrárselo para abrazarlo, hablarle, tenerlo a su lado que hiciera compañía y con su ayuda terminar aquella agonía, así cobro fuerzas otra vez, lo busco cerca pero no lo encontró.

– Si toco las campanas está en el campanario–

Se dijo pero alzo los ojos para tratar de verlo en lo alto donde están las campanas y lo que vio le heló la sangre, un hombre inmenso semejante a un gigantesco muñeco de largas piernas que montado en el campanario las estiraba hasta el suelo, perdió el aliento, no podía hablar, menos gritar, ni dar un paso, tampoco correr, la impresión le dejaba en el techo un terrible susto cardíaco, era un ser grandote, delgaducho, fumándose un tabaco tan descomunal como el mismo, las piernas le bamboleaban de una puerta a otra en la entrada de la iglesia y la chocaba luego arrancando chispas de candela con sus tobillos y talones, aquel se reía diabólica mente.

–jajajaja –

Era una riza satánica, aquella risa grabe y profunda invadía sus oídos mientras un olor de sulfuro le llegaba a la nariz, los brazos los extendía el fantasma y le quedaban sobre el techumbre de la iglesia y cuando recogía sus manos aparecían amontonada sobre los balcones de la fachada, sentía que la muerte le llegaba en forma de fantasma de noche oscura, de pueblo solitario, de angustia sin compasión, estaba inmóvil, sin embargo hizo un esfuerzo su premo y sus ojos que parecían dominados por aquel extraño ser de ultra tumba comenzaron a girar a donde le dictaba su voluntad a penas le dio vida trato de desviarlos de aquel sitio y muy poco a poco lo fue logrando hasta que comenzó a sentirse con libertad de movimiento, capaz  de caminar y sobre todo correr, dio la espalda y salió todo, escapo, ya no le importaba hacia dónde dirigirse corría y corría hasta perderse de aquel lugar y llegar a casa para pasar aquel asombro, alcanzo la esquina norte de la iglesia, hacia el este del poblado, no había andado ni una cuadra cuando desde el alero de una casa lo llamaron

– señor, señor, ¿Qué le pasa?-
Le dijeron
– ¿porque corre tanto? –

Le volvieron a interrogar con vivo interés, detuvo la carrera, descanso por breves segundos, nuevamente se sintió seguro, hizo cortas inspiraciones, expulso fuertes bocanadas de aire recupero la confianza en sí mismo extrajo un pañuelo amarillento por el sucio del bolsillo del pantalón y se lo paso por la frente secando el sudor que parecía de siglos que le estaba corriendo, y cogió aliento para responder al interlocutor que aún no había visto

– Vengo asombrado de la otra calle compañero –
 Contesto quejándose
 – ¿Qué hay en esa calle? –
Fue la nueva pregunta  
– Algo horrible –
Replico casi sereno ya por la presencia de alguien
– Pero ¿Qué es eso tan horrible? –
Insistieron en la pregunta
– me ha salido el caniyon sentado en la torre de la iglesia –
Le dijo y le agrego
– es un aparecido con las piernas y brazos muy largos –  

Seguidamente oyó una risa muy fina, esta le pareció conocida, un ligero sacudimiento le estremeció al compararla con la que anteriormente había odio en la iglesia, esta vez era una carcajada cargada de humor malsano con un retintín de mofa, intrigado después busco al que le hablaba y lo diviso viéndolo como un hombre pequeño sobre el tejado, entonces el hombrecillo se removió a la vez que se bufoneaba le decía

– Serán tan grandes como las mías–

Mientras extendió sus piernas y las posaba sobre el alero de la casa de enfrente haciendo un puente sobre los 2 techos y moviendo sus manos sobre las rodillas a la vez, se movía grotescamente murmurando

 – Será posible que tú que me has descrito infinidad de veces te asustes al encontrarme –

Ya era demasiado, entorno los ojos y cayó al suelo violentamente y se sumió a la inconsciencia hasta el siguiente día que fue recogido por los lugareños que a las horas muy tempranas se presentaban para ir a sus diarios quehaceres.

Después ya recuperado y con el amargo sabor de aquella experiencia juro no beber más en su vida, no seguir siendo el noctambulo (se empecinaba), aprender a rezar y olvidarse de chistar con los fantasmas sean imaginarios o los de purita verdad .

0 comentarios

Vi Princesas, no Principes


Solo quería explicarte el por qué de mis acciones. No te culpes, es mi culpa. Yo nací así supongo. Tú estabas en todo tu derecho de despreciarme, si hasta tu dios me odia, ¿Por qué tú no me odiarías? Me merezco tu juicio. Esto que siento no es correcto aun cuando se siente bien y es inevitable. Si todos dicen que no debo sentirme así ¿Quién soy yo para dudar de su palabra?

Pero te aseguro algo, traté de evitarlo, desde que era una niña y tuve aquel sueño con mi mejor amiga, te juro que traté de evitarlo. Aun cuando su sonrisa me hacía la niña más feliz pensar que tú me odiarías me sumergía en una profunda tristeza. Me odiaba, hasta mis últimos días me odié. Por decepcionarte, por no ser la hija que esperabas, por sentirme como me sentía. 

Me odiaba tanto que lloraba por las noches, que me hacía daño. Lo merecía. Era un error para esta sociedad, merecía todo el dolor que sentía. No estaba bien que mirara a otras muchachas de la forma que yo las veía. Mis amigas no eran así, así que definitivamente era yo el problema. Quise hacer esto antes pero no tenía las fuerzas para hacerlo, soy una cobarde. 

Empecé a crecer y a conocer nuevos amigos, había personas como yo, algunos parecían felices pero para ti ellos no debían ser mis amigos. Sus actos eran una aberración, tu dios no permitía que dos de mis amigas se amaran, no era correcto, no podía ser. Me alejé de ellos, y de todos. Me oculté. Sentía vergüenza de mi misma. 

Pero entonces pasó lo peor: la conocí a ella. Lo supe apenas la ví. Estaba enamorada. Ella sentía lo mismo. Creía sentirme feliz en aquella época, me sentía invencible. Junto a ella sentí que quizás lo que sentía no era incorrecto. Algo tan puro como nuestro amor no podía ser algo malo. Algo que me hacía querer llorar de felicidad, no podía ser una aberración. Al menos eso creí.

Ella me hizo creer que todo estaba bien, que no había nada malo en cómo me sentía. Podía asegurar que por fin me amaba a mí misma tanto como la amaba a ella. Queria gritárselo al mundo, quería contártelo, compartir mi felicidad contigo. Finalmente, te lo dije. Mi mundo se derrumbó nuevamente apenas me miraste a los ojos aquel día. Tanta decepción y desprecio me volvieron pedazos el corazón. Me sentí sucia nuevamente, perdí el valor, perdí la felicidad. La perdí a ella. 

Mi vida se tornó peor de lo que era. Tu despreció me acorralaba días y noches en mi habitación. Las lágrimas parecían interminables. Solo quería que me amaras. Que alguien me amara. Porque resultó que no solo eras tú quien me odiaba. Todos lo hacían. En la misma calle que caminaba tomada de la mano de ella, cuando sentía que solo existiamos ella y yo, ahora caminaba con temor, sus miradas me enjuiciaban. 

A muchos a quienes llamé amigos me dejaron sola, mi familia me hizo a un lado y a ti parecía que no te importaba. No podia seguir sintiendome así, haciendote sentir así. Me dijeron que hacer esto no me dolería, pero a mí ya no me afectaba el dolor, hace tiempo que me canse del dolor, que me canse de sufrir, que me canse de vivir. Esto solo es un paso más. Mi ultimo paso. Quizas esto te haga vivir mejor, total, ya no seré más un error, seré un recuerdo. 

Quiero que sepas que te amo, eso nunca cambió. Sigo siendo la misma que te hacia reir con sus payasadas, la que siempre necesitaba tu atención, la que sacaba buenas notas, la que tenia mal caracter. La misma a la que le costaba expresar sus sentimientos pero solo le bastaba un abrazo tuyo para sentirse mejor. La de la cicatriz en la rodilla por aquella caída que tuve por no escucharte. La que se emocionaba todas las noches porque tú le traias una nueva historia de amor para leer antes de dormir. La que llora con las peliculas, le gusta la comida, es desordenada y cree en los cuentos de hadas. Lo único es que donde tu viste a un principe, yo vi a una princesa. Eso cambió todo. Eso terminó todo.

-Anónimo.

0 comentarios

Al margen de lo común

EN LA OSCURIDAD DE LA NOCHE
Por: Daniela Castro Mireles.


El último botiquín que permanecía abierto, situado en la esquina de la Avenida Bolívar, estaba a punto de cerrar por lo avanzado de la hora. Eran casi las 11:00 de la noche. La mayoría de los pobladores dormían. Los amplios portones hacían las sombras de celosos guardianes, mudos e imperturbables, reforzados en el cuido de sus dueños por la tranca segura y cuartada inseparable.

Las ventanas mostrando sus alegóricas lámparas, dejaban entrever, a la luz de encendidos velones, ofrecidos al santo de la devoción, una pequeña cuota de la intimidad de la casa.

Los tejados rojos, unos pajizos, otros tejidos por las manos de albañiles o alarifes antañoso, eran graciosos corredores de noctámbulos gafos y pensión de murciélagos que agitaban el aire con sus grandes alas.

Las aceras, sobre las que la brisa pasa su escoba recogiendo lo que otros han dejado atrás, eran hilos de cemento y piedra por donde se van los pasos de los pobladores, en los días, con perfiles de sol, y en las noches con luces de luna, o ligero alumbrar de luceros, extendidas bajo el zócalo de la casa, eran cintas plateadas como si la calzada de la calle se prolongara buscando subirse a los techos por las paredes de las casas.

La brisa, paralitica, muy pocas veces se sentía. Sin embargo, de vez en vez, una escuálida racha se colaba y apenas movía las hojas de los árboles, llevando consigo un grato olor de mastranto lejano o al ácido aroma de los orines de la vacada que en la calle tenían sus lechos tan igual al potrero que les era común.

El dueño del botiquín, quien a la vez era el dependiente, atendía a la clientela de acuerdo, a como se lo permitía el carácter vicioso que le configuraban sus funciones hepáticas, había corrido la voz de cierre a los pocos hambres que se encontraban en el interior del negocio
Las luces del pueblo se habían apagado desde hacía rato, a la hora nona de la noche. Esas no volverían hasta el siguiente atardecer, ya casi pasaditas las seis de la tarde, cuando unos tambores, empujados por manos laboriosas, preñaran de combustible y lubricante la panza del motor que debía generar la luz al pueblo, encendiendo muy tímidamente unas cuantas bombillas de muy poco voltaje. Luz que cotidianamente era triste, lánguida, jipata, era como apenas un cocuyo en la noche.

-Amigos míos, es hora que se vayan- dijo el hombre del bar, un negrito de mediana estatura, pelo ensortijado, ojos agrisados, lucía una camisa marrón manga corta, pantalones q una vez fueron blancos y viejos zapatos de dos colores.

Luego, con voz ácida y tono fuerte dijo:

- Mi negocio es vender y vender, guardo silencio y agrego... Pero no aguanto más.

Seguidamente se pasó la mano por la cara, recuerdo que le dije sírvenos un palo más y nos vamos, el botiquero refunfuño algo, pero sin embargo tomo por el cuello una botella. Uno de los hombres alzo su copa vacío el contenido de ella en lo más profundo de su garganta, trago violento, tosió, carraspeo duro, devolvió el vaso al mostrador cancelo y salió por la única puerta que a medias se encontraba abierta.  Así fuimos saliendo algunos acompañados otros esperaban al botiquinero ... Otro quedo parado en la esquina pensando por donde era mejor irse en más de una ocasión dijo q el aguardiente le daba valor . La verdad era que  en ninguna oportunidad de su vida había caminado solo en la noche Recordó que siempre sin necesidad de proponérselo andaba acompañado de alguien en sus parrandas nocturnas.

Pero, ahora era diferente estaba solo en una noche oscura en la que apenas se podían distinguir algunas cosas sobre todo las lejanas. Por su mente paso del recuerdo  cuentos de los hombres que habían sido víctimas del miedo: el carretón, la llorona, la procesión, las animas, la bola de fuego, el ahorcado, el canillón, el silbón, el niñito llorón y muchos más... Estaba intranquilo y es que también recordó la cantidad de cuentos que el invento donde era el caballero valiente ante tanto demonio. Alguien le dijo una vez que de tanto inventar iba a caer en el asombro de sus propios fantasmas. Se recostó de la pare tomo aire, alzo los ojos buscando compañía en los alrededores pero no había nada, soledad, penumbra y silencio. Dio varios pasos, camino apenas unos poquitos metros se detuvo. No sabía si irse o esperar allí la mañana. Quedarse era necio, absurdo irse era tal vez salir en busca de lo que le esperaba. Así que con su bagaje de miedo decidió irse a casa dándose ánimos.

-Por aquí me voy, ni me quedo, ni me devuelvo- se dijo, -salga sapo salga rana-...


Continuara…

0 comentarios

Al margen de lo común

VOLVERTE A VER
Daniela Castro Mireles.



Y así fue, un día de esos en los que como siempre venias a visitarme, recuerdo que la noche estaba muy fría porque había pasado todo el día lloviendo. Incluso cuando llegaste estabas algo mojado porque aun caían pequeñas gotas de lluvia y te recuerdo como si fuese ayer, con tu linda sonrisa, tus ojos oscuros, que siempre decían más que las palabras que salen de tu boca. Esa noche no podré olvidarla nunca y la guardaré como un bonito recuerdo a pesar de lo que trajo consigo.

Cuando me quedo en silencio suelo escuchar tu risa, incluso hasta tus palabras pero sobre todo las palabras de esa noche: “no te dejaré, pase lo que pase, nunca te dejaré". Es inexplicable como escribir de ti me pone un sabor amargo en la garganta, debe ser por ese día cuando supe que tu promesa no era verdad, que solo era promesa y te fuiste a ese sueño incierto de donde nadie ha vuelto. Pude sobre llevar el dolor y seguir guardándote dentro de mi alma y sin olvidarte nunca, los días siguieron su curso y todo iba pasando muy rápido. Un día de pronto desperté de madrugada, resulta que creí escuchar mi nombre en tu voz y recordé que era imposible porque no estabas y no podía ser así. 

Luego las cosas se empezaron a poner más fuertes cuando un día cepillándome los dientes juré verte frente al espejo y no sentí alegría. Tus raras apariciones me estaban llevando a la locura, no me dejabas dormir ni estar con personas ajenas a ti porque perturbabas mi tranquilidad. Cuando me acostaba buscada algo en la oscuridad porque sentía tu presencia y no era agradable, tenía miedo de ti, a no querer estar sola, a conseguirte en una mirada perdida, miedo a no soportar la impresión de volverte a ver teniendo presente que era imposible. 

Y volviste otra noche, me demostraste que hay cosas inciertas pero que pasan, que las promesas pueden traspasar la muerte y que nunca te dejaré. Es más grande que el miedo a diferencia del frio anterior de aquella noche lluviosa, este frio era más fúnebre, más misterioso, con algo de sudor, pulso acelerado, garganta seca, manos frías, el miedo en todas sus expresiones se había apoderado de mí; esta noche fue distinta porque sabía que algo estaba mal y así con ese terror interior te mire sentado a la orilla de mi cama, con tu sonrisa sarcástica y tu mirada, esa que me decía “tranquila”. Yo sin comprender empecé a gritar y me movía a todas partes diciendo repetitivamente -tu estas muerto, tu estas muerto-, cuando me dijiste “tenía que esperar que el dolor pasara para que no te obsesionaras con mi aparición. Me iré, solo vine a confirmarte que la promesa sigue en pie, que aunque no esté aquí, desde donde esté, te cuidaré. Y vine a decirte también que debes perder el miedo a las cosas sin explicación” y así como llego se marchó dejando ese frio que me traspasaba la carne y me bailaban los huesos, algunos días siento que alguien me acompaña pero desde ese día nunca más lo volví a ver. 

0 comentarios

Al margen de lo común

A MI MADRE
Por: Daniela C Mireles.



Se dice que en los tiempo pasados los baúles con joyas o morocotas se encontraban en el fondo de las sabanas o en los patios de las casas y que el afortunado en desterrar las riquezas miraría una luz brillante que le mostraría el lugar, pero que para que el difunto le diera completa posesión de sus tesoros tenía que ofrecerle rezos para el descanso de su alma y si no lo hacía pues también andaría cuidando las riquezas ajenas.

Tenían que haberla conocido, se sentaba y solo con la mirada lo ordenaba todo, mirada perdida, mirada tardía, penetrante, como si te abriera el alma, como si un gran ojo te observara. Tenías que haberla conocido, recuerdo el día de la llegada de papá, no dijo palabra alguna a pesar del tiempo alejado de casa y me regañabas con tu mirada de latigazo partiéndome el alma de la duda, de la confusión, te dije que podría ser peligroso pero tu insistías con tu mirada recalcitrante que quemaba, tu insistías que eran insensateces mías, esa manía tuya de buscar cosas desde aquella vez en la playa, tus ojos se quedaron fijos en el caracol,  te preguntabas si podía darte respuestas de la vida, te lo dije pero tu insistías con la mirada. Recuerdo la primera vez, siendo todavía una niña, era el día de las animas, la tarde cayó como un relámpago, mi sorpresa ver la redondez de las arepas que salían de tus manos y la tuya, ver los números que salían en ellas para jugarlos en el azar, después de comer me enviabas a la casona, sigo recordándola, sus inmensas puertas que llegaban al cielo, sus ventanales confidentes, silenciosos de amoríos y serenatas, El zaguán que nos decía los pasos infinitos que tenía la vida al traspasarlo. Aparecía la doña, su pelo desteñido por el tiempo dejaba ver una solitaria sonrisa maternal, -toma el tobo ve al tras patio y le das de comer a las gallinas- decía, era inmenso, yo entraba al gallinero, metía las manos en el tobo y comenzaba a regar el maíz, sin darme cuenta todas las gallinas comenzaban a rodearme, en el fondo la flama aparecía y se movía de una esquina a otra del traspatio, se me sumergían los vellos poco a poco, colocaba el tobo en el suelo, sentía una pesadez en las pantaletas pues me orinaba, salía del gallinero y me iba corriendo hacia adentro, te lo conté y no me hiciste caso, no volví a la casona.

Siendo adulta insistías con tu mirada que volviera, decías que el miedo que sentía cuando pequeña era circunstancial, que me daría valor, las penas se aliviarían. Regrese, Al llegar al traspatio, aparecía la flama, te lo conté de nuevo, en el fondo, de una esquina a otra se movía, te entusiasmaste, me dijiste que era un entierro, que donde detuviera la flama estaba el baúl repleto de dinero y tu mirada se hizo insistente, -desentiérralo, desentiérralo-, esa palabra todavía truena como fogonozo en mi memoria, -a la media noche, tiene que ser a la media noche, ya eres mayor de edad no hay nada que te lo impida- tome el valor por asalto, comencé a sacarlo, los brazos y las manos buscaban un segundo aire por el cansancio pero seguía apartando la tierra como si le arrancara una parte al mundo, brazada y brazada, la transpiración era un rio desahuciado, seguí hasta que por fin apareció, el baúl semejaba olores y colores atractivos, me ayudaste a levantarlo, nos dirigimos a la casa, nadie nos vio, lo colocamos en la mesa y te dispusiste a abrirlo, un resplandor nos cegó por momentos, habían tantas monedas de oro que alcanzaban para saciar toda la avaricia del mundo, tus ojos brillaron por un instante como nunca en la vida, pero se te olvido algo, madre, las misas: había que hacer las misas al difunto, - para que las misas con tanto dinero no era necesario- decías,  ahora ando de traspatio en traspatio con esa flama que me quema esperando que alguien haga las mías…

A mi madre, con amor.

0 comentarios

Al margen de lo común

EL MUERTO DEL MOLINO
Por Daniela Castro Mireles.



La FÉ forma parte del día a día de todo individuo, es interesante como sentimos que hay algo más allá y tenemos esa necesidad de creer en algo. Desde niños nos incursionan en religiones según  la creencia de nuestras familias. A mí en lo personal me incursionaron  en una religión extensa donde Dios es por sobre todas las cosas, pero donde hay un santo para cada situación, "pídele a José Gregorio Hernández que te cure si estas enfermo", "a San Antonio para que te paguen o para que te traiga un buen hombre", "pídele a San Alejo para que aleje todo mal", y así. Como también me dijeron que existe lo malo, las malas energías, el mal de ojo, los sortilegios, las maldiciones.

Estamos esos seres curiosos que queremos ir mas allá de lo que nos cuentan, aun teniendo presente que la curiosidad no nos lleva a nada bueno, pidiendo permiso a esas energías que se encuentran de forma no común entre nosotros para indagar en sus historias.  En esta oportunidad traigo nuevamente de Cojedes, municipio Ezequiel Zamora, parroquia Manuel Manrique, EL MUERTO DEL MOLINO: 

Hace algún tiempo, una familia de  mango redondo por motivos económicos se mudó a la palma. Esta familia tenía un hijo adolescente de 16 años, quien no estaba muy contento con la mudanza ya que todos sus amigos se encontraban en Mango Redondo. Al joven le costaba mucho adaptarse al nuevo lugar de residencia y tomó la costumbre de trasladarse en su bicicleta todas las noches a su lugar de origen. La madre creía mucho en lo que se decía anteriormente: si creas un hábito diario, de noche te van asustar. El muchacho, como todo joven terco, no le hacía caso a la mamá. 

Un día como todos, jugando cartas se le pasó la hora y se le hizo más tarde que los días anteriores, este preocupado porque  sabía que al llegar a casa la mama lo reprendería,  salió más apresurado de lo normal, al pasar por la curva de la hormiga recordó los cuentos de las personas que pasaron por sucesos paranormales en ese lugar. Justamente al pasar por la curva sintió un frio perpetuo que subió desde los pies al último cabello de su cabeza, sintió un peso al pedalear como si alguien iba con él en la bicicleta. Estaba muy asustado y recordó que la mama le dijo que ante tal situación se hiciera una cruz con chimó, al hacerse la cruz sintió una palmada en el hombro y una voz que le dijo: "primo me quedó en el molino". El muchacho hizo una breve parada y con la misma pedaleo  hasta llegar a su casa tan pálido como una hoja de papel y la mama diciéndole sin el hablar "te lo dije, te lo dije". 

El joven perdió la costumbre y empezó hacer amigos cerca de su localidad. Lo cuentan en Cojedes específicamente en Manuel Manrique. No hagamos caso omiso a los consejos de nuestros padres, porque siempre tienen la razón.

0 comentarios

Al margen de lo común

UN BRINDIS POR NUESTRO AMOR
Por Daniela Castro Mireles.


Las familias son el soporte, sostén, raíz de cada individuo cada familia diferente a otra. Es normal escuchar de amigos, “tu familia es  la mejor, mi familia es muy aburrida, yo no cuento con mi familia, entre otras cosas”.

Tengamos presente que la unión entre dos personas es un inicio a costumbres, creencias, misterios y más. Desde mi criterio considero que por lo menos dos o tres miembros de un grupo familiar han tenido experiencias al margen de lo común. Esos secretos que no se preguntan y que no se saben con mucha claridad a continuación la historia de una familia entre muchas…

Hace algunos años en Cojedes una pareja joven organizaba su matrimonio, el cual anhelaba días tras dia, ambos de buena familia. El joven respetuoso, hijo de un importante ganadero, la muchacha de familia humilde trabajadora y con buena reputación. Los jóvenes se conocieron en una de las tantas ferias del pueblo. Después de ahí nada pudo separarlos a pesar de la gran diferencia económica que había entre ellos, ellos fueron la muestra de que el amor siempre triunfa. El muchacho tenía un pasado lleno de pasión con la hija de la hechicera de la localidad, su familia logro apartarlo de ella y se cuenta que era una mujer ambiciosa y tan hermosa que le era fácil seducir a los hombres, otros decían que su belleza era su maldición.

La pareja en varias ocasiones discutieron a consecuencia de la hija de la hechicera pero siempre solventaban las diferencias. La boda fue planificada para marzo, cosa que se tuvo que posponer por una peste repentina que le dio al ganado y otro montón de trabas. Con esfuerzo y trabajo lograron salir de todos los obstáculos hasta llegar por fin al día de la boda, estaba invitado la mayoría de los habitantes del pueblo, la misa fue hermosa, se veía la pareja llena de alegría, irradiando de felicidad. En la celebración bailaron muchísimo, no dejaban de mirarse, besarse y mostrar el amor abundante que compartían. 

Al momento de salir de la fiesta a la luna de miel fueron detenidos para hacer un brindis, el brindis por su amor, su unión, su vida. Vida que se le acabo a la feliz pareja al momento de ingerir el líquido que contenían las copas, pues la novia cayó en un sueño profundo el cual le impidió la entrega total de su amor al novio. El decidió estar con ella a pesar de su sueño inexplicable, ella estaba en el dormitorio que sería para ellos, el la cuidaba, le hablaba, se dedicó a ella y se fue consumiendo también en un sueño aun estando despierto.

Después de un tiempo ella empeoro, en las noches se levantaba y deambulaba por las casa, lloraba, gritaba y sus gritos eran escalofriantes, daban la sensación de que estaba encerrada dentro de sí misma queriendo salir, y volvía a acostarse antes del amanecer, caía en su sueño profundo, levitaba frecuentemente, sus huesos se escuchaban romperse y así fue pasando el tiempo.

Ambas familias decidieron separarlos pues el muchacho se negaba a despertar de la pesadilla que estaba viviendo, el chico se fue con sus padres y la muchacha seguía en la casa donde consumaría su amor, su madre la visitaba todos los días. El muchacho logro escapar de la casa de sus padres e ir con su esposa, al llegar a la casa se acostó con ella y se unió en su profundo sueño. Después de ahí nadie más lo volvió a ver solo quedo el misterio de la desaparición de sus cuerpos. Hace algunos años en Cojedes, lo cuentan algunas familias…

0 comentarios

Al margen de lo común

MÁS ALLÁ DE MÍ
Por Daniela Castro Mireles.


Mientras que algunos pasan sus días luchando contra la muerte aun sabiendo que es imposible ganar esta batalla y perderan en algún momento lo que por tanto hemos luchado:la vida. Otros simplemente la esperan preguntándose a qué lugar irán después de la muerte. 

Ahora, ¿es posible que nuestro espíritu quede en la tierra después del  dormir eterno?, algunos dicen que la muerte es la separación del cuerpo y el alma, por lo tanto la muerte implicaría el final de la vida física pero no de la existencia. Son los recuerdos de aquellas personas que compartieron momentos agradables los que nos mantiene vivos en sus pensamientos y les enseñan, de cierta forma, cúal fue nuestro propósito en la vida.

Como también está el otro tipo de espera, esa donde ansias volver a ver a ese ser que sabes ya no está presente físicamente, esa donde lo miras en otros rostros y lo escuchas en el silencio, donde días tras días esperas despertar y creer que sigue vivo, que le podrás estrechar la mano, mirarlo a los ojos y decirle "te extrañé". Es entonces cuando nos hacemos un ritual de dolor continuo por no aceptar la perdida, y pasa, lo que siempre se escucha después de un duelo "no lo dejarás descansar en paz". Es esto lo que me lleva a preguntarme ¿será posible que el dolor de perder a un ser amado puede mantener el espíritu en pena? Sería la respuesta a tantas anécdotas, mitos, leyendas.    
        
Anteriormente se decía que las almas en pena eran de personas a las que no les tocaba morir o de aquellos que eran rechazados por sus pecados y maldiciones. Y a pesar de la llegada de la modernización, sigue  viva la creencia en los espíritus demoniacos, casas embrujadas, hospitales, maleficios, brujas, duendes, actividades paranormales, lugares donde se manifiestan estas energías que se sienten tan fuertes que te eriza la piel, el estómago se estraga, te pesan las piernas y tiemblas, solo si tienes miedo. Pero los humanos somos criaturas curiosas, siempre buscando más allá de lo normal, tratando de conseguirle respuesta a todo, incluso si está fuera de lo que cree.